Montañas como islas

En los duros años de la Gran Depresión, en los Montes Apalaches de Tennessee, impera la ley seca. Pequeño Árbol tiene cinco años. Tras quedarse huérfano es enviado a vivir junto con sus abuelos cheroquis. Al principio es demasiado pequeño para comprender el mundo que le rodea, pero el tiempo que pasará en la montaña, envuelto en un paisaje de ensueño, encantador, le enseñará que la verdadera sabiduría consiste en aceptar el curso natural de la vida. Entre el abuelo que siente un profundo respeto por la naturaleza y no tanto por los políticos y la abuela que lee a Shakespeare, Pequeño Árbol aprende a escuchar la voz de la tierra, a estar en armonía con su entorno y a desconfiar de las autoridades.

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